miércoles, 20 de mayo de 2009

¡Se murió, pues!






¡Yo soy!





Mi sombra, sigue a un niño de uno seis años que corre tras su pelota. Queda atrapada bajo un banco en el que una madre vigila a su bebé. La mujer coge la pelota y le dice:

_Te doy la pelota si me dices cómo te llamas.

_Me llamo Washington _la mujer se la entrega y el niño con la pelota en la mano se sienta a su lado.

_¿De verdad te llamas Washington? Pero tú no eres de aquí. ¿De dónde eres? _insiste curiosa la mujer.

_ De Ecuador como mi mamá y mi papá.

_¡Qué bien! ¿Y tienes hermanos? _continúa preguntando ella al ver que el niño no se va.

_Sí, tengo a Diana y otro que ya no está. Se cayó de la litera y se murió, pues. La mujer no supo que contestar.

El niño se levantó y se fue con su pelota. Asombradas quedamos las dos de la naturalidad con la que dijo: "Se cayó de la litera y se murió, pues".


Miré a la mujer y pensé: "¿Para qué vivimos, pues, si no es para morir?" de Alphonse de Lamartine.




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